Me llegan pacientes que no saben decirme si tienen SOP o quistes en los ovarios. Y eso, que suena a anécdota, me parece una de las cosas más reveladoras y tristes de cómo se ha gestionado este síndrome durante décadas. Una mujer con un diagnóstico encima, y sin saber qué tiene. Sin que nadie se lo haya explicado. Sin que nadie le haya dado el tiempo ni las palabras para entenderlo.
El 12 de mayo de 2026, The Lancet publicó el consenso de 56 organizaciones internacionales: el SOP pasa a llamarse SOMP — Síndrome Ovárico Metabólico Poliendocrino. Después de 14 años de proceso y casi 15.000 participantes entre pacientes y especialistas. Esto no es un cambio de etiqueta. Es una corrección oficial de un error que ha costado muy caro a muchas mujeres.
Por qué importa que cambie el nombre
El nombre "ovario poliquístico" llevaba décadas mintiendo. Primero, porque muchas mujeres con este síndrome no tienen quistes. Segundo, y más importante, porque redujo durante años una condición compleja, multisistémica y hormonal a un problema de ovarios. Y cuando lo conviertes en un problema de ovarios, lo tratas como un problema de ovarios. Y entonces el tratamiento falla. Y la paciente se queda sin explicación, sin herramientas y, muchas veces, sintiéndose culpable de algo que no entiende.
El nuevo nombre — Síndrome Ovárico Metabólico Poliendocrino — reconoce lo que las profesionales que trabajamos con enfoque integrativo llevamos años viendo: esto no es solo una disfunción del ovario. Es una respuesta del cuerpo entero a múltiples factores hormonales, metabólicos, inflamatorios y de estilo de vida. El cuerpo no está roto. Se ha adaptado a unas condiciones. Y esas condiciones se pueden cambiar.
Lo que le pasó a una de mis pacientes — y lo que no le habían contado
Llegó a mi consulta con el diagnóstico puesto. Años con él. Y cuando le pregunté qué le habían explicado sobre lo que tenía, me miró y me dijo que no lo sabía bien. Que le habían dicho que tenía los ovarios poliquísticos. Que tenía que adelgazar. Que tomara la píldora para regular el ciclo. Y ya.
Lo primero que hice fue escucharla. No con el reloj encima. Sin la presión de rellenar una ficha en diez minutos. Le hice una anamnesis extensa — preguntas que nadie le había hecho antes sobre su sueño, su estrés, su historia con la comida, su entorno, sus ciclos desde la primera regla, cómo se sentía en su cuerpo. Porque el SOMP no se entiende sin entender a la mujer entera.
Después revisé no solo sus analíticas convencionales sino sus parámetros con rangos óptimos funcionales — no solo si estaba fuera del asterisco, sino dónde estaba dentro del rango y qué significaba eso para ella específicamente. Y le expliqué qué le pasaba. Le expliqué que sus ovarios no estaban rotos. Que su cuerpo había desarrollado una resistencia a la insulina en respuesta a años de estrés crónico, poco sueño y una microbiota alterada. Que eso afectaba a sus hormonas. Que sus hormonas afectaban a su ciclo. Y que todo eso tenía sentido — y tenía solución.
Esa conversación cambió algo en ella antes de que cambiara nada en su cuerpo. Eso es lo que hace la información cuando se da bien.
El diagnóstico por aspecto físico. Eso tiene nombre.
Tengo que decirlo porque me parece urgente: hay mujeres a las que se les diagnostica SOMP simplemente porque llegan a la consulta con sobrepeso. Sin analíticas completas. Sin historia clínica. Sin escucha. Solo por cómo se ven. Eso no es medicina. Es gordofobia disfrazada de diagnóstico. Y tiene consecuencias reales: mujeres que reciben un diagnóstico incorrecto o incompleto, que se quedan sin el tratamiento adecuado, y que encima se van a casa creyendo que su cuerpo es el problema.
El SOMP no tiene una sola cara. Hay mujeres delgadas con SOMP. Hay mujeres con SOMP sin quistes. Hay mujeres con ciclos aparentemente regulares que tienen SOMP. La única forma de saberlo es preguntar, escuchar, explorar y no asumir.
Por qué hay cada vez más SOMP — y lo que nadie quiere decir
Este síndrome afecta a entre el 8 y el 13% de las mujeres en edad reproductiva. Y el 70% no sabe que lo tiene. No es casualidad que haya aumentado su prevalencia en las últimas décadas. El estilo de vida moderno — estrés crónico, descanso fragmentado, alimentación ultraprocesada, poca actividad física funcional, desconexión del propio cuerpo — es terreno fértil para que este síndrome se desarrolle o se agrave. No todas las mujeres que tienen estas condiciones desarrollan SOMP, pero muchas sí. Y el enfoque que funciona no es un suplemento ni una dieta de moda. Es entender qué está pasando en ese cuerpo concreto, en esa vida concreta, y construir desde ahí.
Cómo lo trabajo yo
No hay un protocolo único para el SOMP porque no hay dos mujeres con SOMP iguales. Lo que sí hay es una forma de trabajar: primero entender, luego actuar. Anamnesis extensa, analíticas con mirada funcional, y un plan que tenga en cuenta no solo qué come sino cómo duerme, cómo se mueve, cómo gestiona el estrés, qué tiene en su vida que le suma y qué le resta. Porque no todas tenemos el mismo contexto familiar, económico, laboral ni emocional. Y un plan que no se adapta a la vida real de esa mujer, no funciona.
Trabajo con la resistencia a la insulina desde la alimentación real — no desde la restricción — y desde el movimiento adecuado, no desde el castigo. Trabajo la inflamación desde la microbiota y el descanso. Trabajo el eje hipotálamo-hipófisis-ovario desde la regulación del sistema nervioso. Y trabajo la relación de cada mujer con su cuerpo, porque muchas llegan habiendo interiorizado que su cuerpo es el enemigo. Y eso también hay que desmontar.
El SOMP no es una condena. Es una señal de que algo en el entorno de ese cuerpo necesita cambiar. Y ese cambio es posible.
Si tienes un diagnóstico de SOP o SOMP y sientes que nunca te lo han explicado del todo, que el tratamiento que te dieron no funcionó, o que simplemente nadie te ha preguntado cómo estás más allá de tus analíticas — escríbeme.
¿Tienes SOMP y sientes que te falta información?
La primera consulta empieza por escucharte. No por juzgarte ni por darte una pauta estándar. Por entender lo que le está pasando a tu cuerpo específico.
Reservar primera consulta →